La directora de comunicación del MRCYB, Rosana Calvo, distinguida con la Medalla de los Puntos Cardinales

 

La responsable de comunicación del Monte Real Club de Yates, Rosana Calvo Diéguez, ha sido distinguida este año con la venera «Medalla de los Puntos Cardinales» de la Federación Española de Ligas y Asociaciones Navales (FELAN).  Según reza el diploma de reconocimiento, la distinción se le otorga en base a «su extraordinaria labor a favor de nuestras actividades culturales, turísticas y navales».

Rosana Calvo es la responsable de comunicación del MRCYB desde 2014. Además de la información que se publica en la web, newsletters y redes sociales del club, se ocupa de la fotografía de las regatas, la conducción y protocolo de eventos y las relaciones con los medios de comunicación.

REPORTAJE: Mujeres con viento en popa a toda vela

REPORTAJE DE ROSANA CALVO, RESPONSABLE DE COMUNICACIÓN DEL MRCYB

 

En este 2021, tras más de 40 años de competición, el Campeonato Gallego de A Dos, celebrado a comienzos de mes, tuvo a sus primeras campeonas gallegas. Por primera vez en la historia del trofeo, las mujeres pudieron optar a un título específico para ellas, una distinción que fue solicitada a la Real Federación Gallega de Vela por el Monte Real Club de Yates en el marco de su proyecto Vela en Femenino. Es una iniciativa que, a través de diferentes propuestas, busca acabar con las desigualdades que niñas y mujeres han sufrido en el mundo de la vela en particular y el mundo náutico en general. Unas desigualdades e injusticias que se remontan siglos atrás…

No mucho antes de la Revolución existía en Francia una ordenanza real que impedía a las mujeres embarcarse en los barcos de la Corona. Al igual que en otros muchos sectores de la sociedad, en el mundo náutico las mujeres estaban consideradas seres menos inteligentes y capaces que los hombres, y llevar a una a bordo suponía -según decían- un claro lastre para las expediciones. Había incluso quien, apoyándose en una antigua superstición marinera, aseguraba que las mujeres traían mala suerte a las embarcaciones, motivo por el cual debían quedarse en tierra.

Por suerte, ya por aquel entonces hubo quien no quiso aceptar esas desigualdades y se atrevió a saltarse las normas, aun corriendo el riesgo de ser descubierta y castigada. Disfrazada de hombre, la botánica francesa Jeanne Baret se embarcó, en 1767, en una de las naves que, bajo el mando de Louis Antoine de Bougainville, formarían la primera expedición gala en circunnavegar el planeta. Baret se convirtió así en la primera mujer en dar la vuelta al mundo a través de sus océanos, trayendo consigo, además, una colección de más de 6.000 especies de plantas (que hoy se conservan en el Museo Nacional de Historia Natural de París), lo que le valió la felicitación del mismísimo rey Luis XVI.

Fotografía de Jeanne Baret e ilustración de la botánica francesa vestida de hombre

Nunca sabremos cuántas mujeres se habrán tenido que echar a la mar vestidas de hombre a lo largo de los siglos ni cómo lograron engañar a los marineros de a bordo durante los largos meses que duraban las expediciones, pero lo cierto es que las hubo y que la mayor parte de ellas no aparecen en los libros de historia.

Doodle que Google le dedicó a la botánica francesa Jeanne Baret

Entre esas grandes mujeres que no han recibido el reconocimiento que merecen está la gallega Isabel Barreto de Castro. Nacida en Pontevedra en torno al año 1567, fue pionera en la navegación mundial al convertirse en la primera almirante de la Marina Española. En 1595 asumió el mando de la expedición que partió rumbo a las Islas Salomón pero, pese a llevar a un cronista a bordo (el portugués Pedro Fernández de Quirós), poco o casi nada se sabe del gran capítulo que esta mujer escribió en la era de los descubrimientos.

Isabel Barreto de Castro, la primera mujer que ostentó el título de almirante en la historia de la navegación española

Son solo dos ejemplos de los muchos que han pasado prácticamente desapercibidos en la historia de la navegación, en la que el dominio ha sido y sigue siendo claramente masculino. Hubo que esperar hasta el siglo XX para empezar a ver a mujeres ocupando puestos destacados en las embarcaciones. La rusa Anna Ivanovna Shchetinina se convirtió en 1935, con 27 años, en la primera capitana de la marina mercante.

Anna Ivanovna Shchetinina, la primera capitana de la marina mercante

En España, no fue hasta después de la Constitución de 1978 (que establecía la igualdad ante la ley de hombres y mujeres, sin discriminación de sexo) cuando las mujeres se pudieron matricular, por primera vez, en las carreras náuticas de las escuelas superiores de la Marina Civil.

La asturiana Ángeles Rodríguez fue la primera alumna en 1979 y se tituló como la primera oficial de la Marina Mercante en 1984. La canaria Mercedes Marrero fue la primera capitán en 1992, Idoia Ibáñez la primera capitán con mando, María Cardona la primera oficial de máquinas y Macarena Gil, la primera mujer que ejerció de práctico del puerto, una profesión en la que hasta 2015 -básicamente hasta antes de ayer-, solo trabajaban hombres.

El hecho de que en España no se permitise el acceso de la mujer a la formación náutica hasta 1979 hizo que muchas de ellas se incorporasen muy tarde al mercado laboral y es esa una de las causas, sumada a muchas otras relacionadas también con la discriminación (como la creencia de que las mujeres están menos capacitadas físicamente o preparadas para peligrosidad de la actividad), de que su presencia en el sector marítimo sea muy inferior a la de los hombres.

A pesar de estar metidos ya de lleno en el siglo XXI y de todos los avances vividos en las últimas décadas, las mujeres siguen siendo una minoría y apenas llegan al 2 por ciento del casi millón y medio de marineros que existen en todo el mundo, según datos de la Organización Internacional del Trabajo. No solo son pocas sino que, además, raramente (no llegan ni al 1 por ciento) ocupan puestos de alto rango jerárquico.

El mar se ha mantenido durante siglos ligado a la figura del hombre, que salía a faenar mientras que la mujer se quedaba en tierra a la espera, como ama de casa o como redeira, pescantina, conservera, comercializadora… en profesiones que se practicaban fuera del mar (y tenían un prestigio mucho menor), aunque estuviesen estrechamente ligadas a él.

En el apartado más lúdico y deportivo, el relacionado con deporte de la vela, la balanza también cae estrepitosamente hacia el lado masculino. En la actualidad, la cifra de deportistas federados en España supera los 17.000, de los cuales casi 14.000 son hombres, quedando reducida la presencia femenina a apenas 3.500 deportistas. Son apenas un 21 por ciento del total, y la cifra cae por debajo del 15 por ciento si contamos las que participan en regatas oficiales.

36 regatistas de España y Portugal compiten cada año en la Ladies Cup del Monte Real – Foto Lalo R Villar

Si bien es cierto que se han dado importantes pasos en pro de la igualdad en el deporte de la vela, lo cierto es que, al igual que sucedía en el sector marítimo, son aún muy pocas las mujeres que han obtenido un reconocimiento mundial por sus hazañas. De la mayoría de ellas, solo los realmente interesados en la materia sabrán reconocer sus nombres y sus logros.

Portada de la primera edición de A solas con el mar de Naomi James

Mujeres como la neozelandesa Naomi James, la primera que, en 1977, dio la vuelta al mundo navegando a vela, en solitario y sin escalas, batiendo además todos los records de velocidad; o Dee Caffari, que 2006 hizo lo mismo pero al revés, de este a oeste, por el considerado “camino equivocado”, en contra de los vientos y las corrientes dominantes en el globo; y que en 2009, tras vencer en la Vendée Globe (la vuelta al mundo a vela en solitario sin escalas ni asistencia), se convirtió en la primera mujer que, sola e impulsada por el viento, abrazó el planeta en ambas direcciones.

Dee Caffari celebrando la victoria en la Vendée Globe en 2009

Mujeres como Tracy Edwards que, con apenas 23 años, tuvo que esquivar las burlas de todos los que se rieron de ella por soñar con un equipo íntegramente femenino en la Whitbread Round the World Race (la vuelta al mundo de vela), en la que logró participar en 1989.

Tracy Edwards a bordo del Maiden en el que hizo historia

Cumplió su sueño a bordo del Maiden. No ganó, pero se convirtió en la primera mujer en recibir el trofeo al mejor regatista del año y logró que 12 mujeres estuviesen durante meses en el foco del panorama náutico mundial.

Su decisión y su valentía permitieron construir una puerta que volvería a abrirse hasta en cuatro ocasiones más, gracias a cuatro equipos que se lanzaron al mar para demostrar que las mujeres tenían mucho que decir en la vuelta al mundo. El Maiden de Tracy Edwards fue el primer barco íntegramente femenino en la hoy conocida como The Ocean Race, y a él le siguieron el Heineken (US Women’s Challenge) de Nance Frank y Dawn Riley en 1993, el EF Education de Christine Guillou en 1997, el Amer Sports Too de Lisa McDonald en 2001; y el Team SCA de Sam Davies en 2014.

Desde la primera edición de la vuelta al mundo en 1973 ha habido equipos -pocos- formados únicamente por mujeres, y mujeres -cada vez más- formando parte de equipos, siendo el caso más destacado el de Carolinjn Brouwer y Marie Riou, las primeras en proclamarse campeonas de una Vuelta al Mundo a vela a bordo del Dongfeng en 2018.

Y así, aunque con altibajos, la evolución de la presencia de la mujer en el mundo de la vela no se ha quedado ahí. Sin ir más lejos, en 2020 participaron en la Vendée Globe, la regata más exigente de la vela oceánica, 6 mujeres, todo un récord que nunca se había dado nunca en este desafío. Fueron las inglesas Samantha Davies, Miranda Merron y Pip Hare; las francesas Clarisse Crémer y Alexia Barrier, y la franco-alemana Isabelle Joschke.

El avance en términos de igualdad resulta evidente pero el trabajo no está -ni mucho menos- completo en el mundo de la vela. Prueba de ello son las múltiples iniciativas que, sobre todo en los últimos años, se han puesto en marcha a través de federaciones, clubes y equipos. Ligas femeninas, tripulaciones exclusivas de mujeres, actividades de formación y especialización diseñadas especialmente para ellas… lo que se busca es dar un mayor protagonismo a la mujer en un sector que históricamente la ha relegado a una posición secundaria.

La Ladies Cup es una competición 100 por cien femenina – Foto Lalo R Villar

En esa lucha se enmarca también el proyecto Vela en Femenino del Monte Real Club de Yates de Baiona, gracias al cual se formó un equipo íntegramente femenino para participar en las principales regatas de las Rías Baixas gallegas, se consiguió que la Real Federación Gallega de Vela crease un premio específico para mujeres en el Campeonato Gallego de A Dos, se organizaron actividades de navegación específicas para mujeres, se celebrará el 25º aniversario de la Ladies Cup y se espera poner en marcha varias iniciativas más en este 2021.

Desde el Monte Real creemos que el binomio mujer-mar sigue necesitando de apoyos e impulsos, que presencia femenina en el mundo de la vela necesita y merece seguir abriéndose camino, y que eso solo se logrará mediante el compromiso de todos con el fomento el deporte igualitario. Las velas ya están izadas, tan solo falta llenarlas de viento.

Es un reportaje de Rosana Calvo, responsable de comunicación del MRCYB

 

REPORTAJE: Medio siglo de Optimist en Galicia

REPORTAJE DE ROSANA CALVO, RESPONSABLE DE COMUNICACIÓN DEL MRCYB

 

· Cinco décadas después de haber organizado por primera vez en Galicia una competición regional de Optimist el Monte Real Club de Yates celebra este mes de febrero en Baiona una nueva edición del Campeonato Gallego de la clase

· A bordo del “Canario” y el “Tortuga” los hermanos José y Javier de la Gándara junto con Santiago Campos resultaran ganadores de aquella primera edición de la competición disputada en la bahía baionesa los días 22 y 23 de agosto de 1970

· En los Optimist traídos primero de Francia, después desde Barcelona y construidos finalmente en el Ferramentas y en Lagos para las Escuelas de Vela de La Foz y del MRCYB aprendieron a navegar muchos regatistas de la actualidad

· Aunque con el paso del tiempo fueron evolucionaron los materiales, la filosofía con la que se creó el Optimist sigue intacta y se mantiene como un barco sencillo que permite a los más pequeños disfrutar del mar y la vela

 

Grupo de Optimist en la bahía de Baiona en 1970 – Foto del archivo de Javier de la Gándara

 

El Monte Real Club de Yates de Baiona conmemorará a finales de este mes el medio siglo de vida de la clase Optimist en Galicia celebrando una nueva edición del Campeonato Gallego que el propio club acogió por primera vez en 1970.

A bordo del “Canario” y el “Tortuga”, los hermanos José y Javier de la Gándara resultaran ganadores (primero y segundo respectivamente) de aquella primera edición, que se disputara los días 22 y 23 de agosto de 1970 bajo el nombre de “I Regatas regionales Optimist – Campeonato Gallego”.

17 jóvenes regatistas de la Escuela de Vela de La Foz, el Real Club Náutico de Sanxenxo, el Real Club Náutico de Vigo, el Club Náutico de Panxón y el propio Monte Real se reunieran durante aquellos dos días de verano en la bahía baionesa para disputarse varias pruebas en un campo triangular de recorrido olímpico.

Javier de la Gándara y su Tortuga preparándose para el I Campeonato Gallego de Optimist – Foto archivo Javier de la Gándara

Tras los hermanos Gándara, el tercer puesto del podio de aquel primer campeonato de Optimist fue para el “Anduriña IV”, tripulado por Santiago Campos; Pablo Vasconcellos quedó cuarto a bordo del “Bayona II”; y el “Don Ramón”, de Ramón Alonso, del RCN Vigo, firmó la quinta posición.
Se entregó también entonces un premio especial al regatista de menor edad, que fue a parar a manos de Pablito Pereiro por “demostrar -según dicen las crónicas de la época- una gran pericia manejando a la perfección su mini embarcación”.

Con la celebración del primer Campeonato Gallego de Optimist, el Monte Real Club de Yates dio, en los comienzos de la década de los 70, el gran impulso para la consolidación de una clase que llegara a Galicia algunos años antes de la mano de Pepe Gándara, el padre del histórico Javier de la Gándara.

Gándara conoció este nuevo tipo de barcos en la revista estadounidense “Popular Mechanics Magazine” (distribuida en España bajo el nombre de “Mecánica Popular”), en la que se publicaron unos sencillos planos con los que, en principio, cualquier persona con algunas herramientas y un poco de maña, podía fabricarse su propio Optimist de madera.

Entrenamientos de los primeros Optimist en la bahía de Baiona – Foto del archivo de Tomás R. de Robles

Tras verlos ya construidos en Barcelona, Gándara decidió traerlos Galicia. Al primer Optimist que navegó en aguas gallegas en el año 68, lo llamó “Don Andrés”, en honor a su hijo pequeño. En el año 69 ya había en bahía baionesa (en la Escuela de La Foz que lideraba Antonio Ruiz) 15 unidades de estos nuevos veleros, conocidos como los “Ferramentas”, porque los construía un carpintero de Ladeira conocido por ese nombre, con velas de nailon fabricadas en una empresa de toldos de Vigo. Eran barcos con los que, durante los primeros años, solo navegaban en los meses de verano. Apenas un año después, ya con los Optimist asentados como pequeña flota en el Monte Real Club de Yates, se celebró el Primer Campeonato de Optimist de Galicia.

Recorte de prensa del Primer Campeonato de Optimist de Galicia en 1970

La prensa de aquel entonces felicitó al club baionés por “contribuir a crear numerosos jóvenes patrones que en el futuro van a constituir las dotaciones de los numerosos barcos de crucero con los que cuentan las unidades deportivas de la ría de Vigo”, decía textualmente. Y así fue. Porque aquellos niños son hoy algunos de los destacados regatistas que navegan en las rías gallegas.

Tanto la Federación Española de Vela como la Federación Gallega de Vela de la época, presidida por José Ramón Fontán, ayudaron a la consolidación de la clase en Galicia subvencionando la compra de numerosas unidades. Unos barcos que pasaron de las 3.000 pesetas (unos 18 euros) de los primeros “Ferramentas” a las 8.000 pesetas (unos 48 euros) que se pagaron por los de una mayor calidad y las 10.000 pesetas (60 euros) que costaban al inicio de los 70.

En otoño de 1971, solo un año después de la celebración del primer campeonato gallego de Optimist, en las competiciones de la clase en Baiona participaban cerca de una treintena de unidades, y no se tardó mucho tiempo más en superar los 60 optimist. En Galicia rondaban los 200 optimist (en la actualidad hay unos 400, de los cuales participan en competiciones oficiales unos 120). Entre los jóvenes regatistas de aquellos primeros años estaban José, Ángel y Javier de la Gándara, Pablo Vasconcellos, Jaime Varela, Alberto Torné, Rodrigo Andrade, César Casqueiro, Fernando Yáñez, Genoveva Pereiro, Ignacio Retolaza, Alfonso Zulueta o Piluca Presa, entre otros muchos.

Manuel Pereiro, Javier de la Gándara, Ramón Alonso, Pablo Vasconcellos, Jose Antonio Marquez y Jaime Varela – Foto archivo Javier de la Gándara

Los Optimist españoles se construían en Barcelona (La Industrial Velera Marsal), en Palma de Mallorca (los astilleros Copino y Darder), en Torrejón de Ardoz (Taylor Española) y aquí en Galicia, en los prestigiosos Astilleros Lagos de Bouzas (Vigo), de los que salieron gran parte de las unidades que navegaron a partir del año 70. Eran Optimist que se hacían a imagen y semejanza de los primeros barcos de este tipo nacidos en Clearwater (Florida).

Allí, en 1947, un grupo de niños “regateaban” por las calles de Clearwater con pequeñas cajas de jabón y una vela que fabricaban ellos mismos. El alcalde de la ciudad decidió prohibir esas regatas por las calles, para que no molestasen a la gente, pero se reunió con un diseñador de barcos, Clark Mills, al que le pidió que convirtiese las cajas de jabón en un barco para niños lo más barato posible.

Y así fue como nació el Optimist, el primer barco de vela cangreja y un solo tripulante que con el tiempo fue adquiriendo cada vez más fama, tanto nacional como internacional. En 1954 “saltó el charco” y se empezaron a construir los primeros en Europa, concretamente en Dinamarca; en 1962 nacía la Optimist Class Racing Association, en Inglaterra; y poco después se formó la Asociación Europea de Optimist. Finalmente, en 1995 el Optimist fue aceptado como clase internacional.

Los primeros Optimist eran de madera – Foto del archivo de Tomás R. de Robles

Aunque con el paso del tiempo han ido evolucionando los materiales con los que se construyen, lo cierto es que tanto la forma de los Optimist como su filosofía siguen intactas. Nació como un barco sencillo que permitiese a los niños disfrutar del mar y de la vela y, más de medio siglo después, ese propósito no ha cambiado.

Celebrar esa idea y las cinco décadas que cumple el primer Campeonato de Optimist disputado en Galicia en 1970 es el objetivo del Campeonato Gallego de Optimist – Trofeo Baitra que se disputará en el Monte Real Club de Yates a finales de febrero.

( Reportaje: Rosana Calvo, responsable de comunicación del MRCYB / Fotos: Archivo del MRCYB y cedidas por Javier de la Gándara, César Casqueiro y Tomás R. de Robles / Documentos: Astilleros Lagos / Recortes de prensa: Archivo de Javier de la Gándara y hemeroteca de Faro de Vigo)

 

El Tortuga y el Canario de los Gándara y el Eolo de Casqueiro – Foto del archivo de Cesar Casqueiro
Equipo de Optimist (Octubre 1971)- Foto del archivo de Cesar Casqueiro
Algunos de los primeros Optimist que navegaron en Baiona hace 50 años – Foto archivo MRCYB
En primer plano el Tortuga de Javier de la Gándara – Foto del archivo de Tomás R. de Robles
Pablo Vasconcellos a bordo de The Scotsman uno de los primeros Optimist en Galicia – Foto archivo MRCYB

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